En primer lugar debemos distinguir si el animal está vomitando o regurgitando. El momento en que tuvo lugar la ingesta y la cantidad de comida o fluido expelido no resultan de utilidad para distinguir el vómito de la regurgitación.
Las indicaciones más fiables de que el paciente está verdaderamente vomitando son
a)Signos prodrómicos obvios
b)Arcada abdominal vigorosa
c)Encontrar bilis (es decir, un fluido amarillo brillante o verde brillante) o sangre digerida (como granos de café) en el vómito.
Si no están presentes estos indicadores, la posibilidad del vómito no queda eliminada. En estos animales la mejor decisión es obtener radiografías simples ± contrastes torácico.
Una vez determinado que el contenido del vómito es de origen gástrico o intestinal a diferencia del contenido de regurgitación esofágica, el próximo paso será determinar la presencia de sangre en el vómito. Si hay hematemesis, podremos limitar considerablemente la lista de causas. El siguiente aspecto más importante a considerar es determinar si el vómito es agudo o crónico. La mayoría de los perros y gatos que sufren de vómito agudo no tienen un abdomen agudo (es decir, no tienen dolor abdominal o shock o sepsis) si bien frecuentemente padecen alguna forma de gastroenteritis autolimitada, aunque se debe tener en cuenta que tanto la presencia de cuerpos extraños como la intususcepción son posibles (la parvovirosis debe ser tenida en cuenta en perros más jóvenes). El vómito crónico (es decir, el que tiene lugar durante al menos 2-3 semanas) raramente está autolimitado, e indica la necesidad de un diagnóstico más agresivo.
sábado 16 de febrero de 2008
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